Esta palabra, y lo que ella representa, es mágica, abre puertas, hace latir los corazones con fuerza, da seguridad al inseguro, hace cambiar de opinión a quien se arraiga en sus ideas, hace que la gente trabaje arduamente, asegura la salud de muchos, encumbra a la fama a la gente, incluso aunque sean despreciables y, bueno, destila magia. Lo curioso es que la gente ama esta palabra pero también la odian. Tratan de conseguir dinero, pero a la vez se encargan de cerrarse ellos mismos las puertas. Todo mundo sabe que necesita dinero pero muy pocos están dispuestos a consagrarse al arte de conseguirlo. Así como lo consiguen lo gastan y vuelven a la situación del comienzo. Es como una rueda que gira y siempre vuelve al mismo punto. Sólo quien conoce el arte de invertir y de obtener ganancias residuales logra estabilidad y firmeza económica.
Hay un concepto erróneo del dinero en la mente de muchas personas, desde muy temprana edad a muchos de nosotros se nos dijo que el dinero era malo, que era sucio, que los ricos son gente mala, ladrones, explotadores de la inmensa mayoría, avaros. Será esto cierto al ciento por ciento? Si pasamos revista a la gente de clase media o de clase baja vemos que también hay un gran número de personas que encarnan estos defectos. No es pues algo que se dé solo en las clases altas. Los seres humanos, sin importar la clase social, simplemente tenemos errores y debilidades, eso no depende del dinero que tengamos.
De otra parte, casi nunca se repara en las bondades de tener dinero y usarlo bien. Podemos hacer cosas muy buenas por la sociedad en general.


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